Once Caldas y una gesta para la historia: Campeón de la Copa Libertadores 2004

Año 2004. Tras una gran campaña la temporada anterior, el Once Caldas ganó la liga colombiana y clasificaba a la edición número 45 de la Copa Libertadores. Los colombianos quedaron sembrados en el grupo 2 y empezaron su participación en el estadio Palogrande con una contundente goleada al Fénix de Uruguay. Dos goles de Arnulfo Valentierra y otro tanto de Jeffrey Díaz sentenciaban la victoria caldense. En su siguiente partido, visitaron al Maracaibo de Venezuela. Los visitantes se adelantaron a los 3 minutos con gol de Jonathan Fabbro, pero los locales reaccionaron, y antes del final de la primera parte llegaron al empate. El partido fue muy parejo y sobre el último minuto de juego, cuando todo parecía indicar una igualdad, el argentino Sergio Galván Rey apareció para entregarle los tres puntos al elenco colombiano.

En la tercera jornada, y tras dos victorias, la derrota llamaría a la puerta al caer en Argentina 2-0 ante Vélez Sarsfield. Pero las cosas no se quedarían así, y en la vuelta en Palogrande, el Once Caldas se desquitó de los argentinos al vencerlos por el mismo marcador con dos anotaciones del goleador Sergio Galván Rey.

Los dirigidos por el profesor Luis Fernando Montoya, alcanzarían la clasificación al vencer en un ajustado juego al conjunto de Maracaibo. Los venezolanos se adelantaron en el marcador pero dos minutos después, Elkin Soto igualaba las acciones en la primera parte. Para el segundo tiempo, una gran anotación de Arnulfo Valentierra certificaba a los cafeteros en la próxima ronda por primera vez en su historia.  En la última jornada, y con el liderato asegurado, viajaron a Uruguay para enfrentar al Fénix, igualando a dos goles y finalizando una primera fase excepcional con cuatro victorias, un empate y una derrota. Aquella noche Jonathan Fabbro fue la figura y anotó un doblete.

En la siguiente fase, Once Caldas se enfrentaría al Barcelona de Ecuador. En aquella edición, 36 equipos participaron, divididos en 9 grupos de 4 participantes cada uno. Los últimos cuatro segundos se enfrentaban en dos llaves a un solo partido y los ganadores de esas series clasificaban a los octavos de final. Los ecuatorianos se enfrentaron al Maracaibo en Guayaquil y con un contundente 6-1 serían los rivales del elenco colombiano. La ida en territorio ecuatoriano acabó 0-0 y la serie se iba a definir en tierras cafeteras.

En Manizales, ambos elencos salieron a buscar su pase a la siguiente ronda. El juego fue vertiginoso y lleno de jugadas de riesgo; sin embargo, el marcador no se abriría hasta el minuto 76. Un gol de Gavica, a 14 minutos del fin del tiempo reglamentario, le daba la clasificación momentánea al elenco de Guayaquil. Los locales se levantaron del golpe y, debido a que en esos momentos el gol de la visita no tenía un valor extra, los colombianos presionaron para marcar el empate y forzar la tanda de penales. A 7 del final, Jorge Agudelo sería efectivo, vencía la portería rival y llevaría la serie a la definición desde el punto penal. En esta instancia surgió una nueva figura. Juan Carlos Henao se vestía de superhéroe para atajarles un tiro a los ecuatorianos y, ante la infalible efectividad de sus compañeros, certificar la clasificación a los cuartos de final.

Los campeones colombianos seguían con su travesía libertadora y ahora iban a enfrentar a un Santos que se presentaba como el favorito de la llave. La ida se disputó en Vila Belmiro y, ante un estadio abarrotado de hinchas brasileños, los santistas salieron como una aplanadora. A pesar de la intensidad de la ofensiva brasileña, la mala definición y una muralla llamada Juan Carlos Henao impidieron que los locales marcaran, hasta que en el minuto 83 Basilio anotaba, finalizando una contra letal. Los colombianos sacaron la casta y Valentierra lograba empatar a falta de dos minutos del final. En el estadio Palogrande, ambos clubes dieron un espectáculo ofensivo y nuevamente Henao impedía la celebración del Santos. Al igual que en el compromiso de ida, Arnulfo Valentierra desataría un potente disparo para vencer al portero brasileño. Los caldenses seguían soñando despiertos y eliminaban a uno de los favoritos para llevarse la copa.

En semifinales, los “albos” se enfrentarían a un Sao Paulo, máximo candidato a ganar el certamen y con una plantilla plagada de figuras. El profe Montoya planteó un esquema táctico muy cerrado y gracias a las atajadas de un fabuloso Juan Carlos Heano, Once Caldas y Sao Paulo empataban sin goles en la ida en territorio brasileño. Para la vuelta en Colombia, el elenco manizaleño propuso un juego más ofensivo y equilibrado. Llegadas con peligro para ambos conjuntos se vieron durante todo el partido, y el primer tiempo finalizó 1-1. El Once se adelantó con un tanto de Alcázar, que encendía el júbilo en las gradas; pero el empate no se haría esperar y cinco minutos más tarde Danilo igualaba el marcador y apaciguaba la marea en tierras cafeteras. El partido entraba en su epílogo, y con una rápida escapada de Agudelo, y una definición al mejor estilo de un delantero de la “canarinha”, la cenicienta del torneo eliminaba a otro grande del continente y obtenía su pase a la final de la Copa Libertadores de América.

El sueño se convertía cada vez en una realidad, y solo dos partidos separaban al Once Caldas para ser el campeón de todo un continente. Para hacer real esta fantasía, el conjunto de Colombia debía enfrentarse a nada más y nada menos que al Boca Juniors de Carlos Bianchi. La ida en Argentina se convirtió en un auténtico infierno para la visita, que sufrió los constantes ataques, no sólo de 11 jugadores sino de todo un estadio. La hostilidad de la Bombonera era notoria pero los “albos” encontraron un salvador en su arquero, que volvía a lucirse para ratificar que era el mejor portero del certamen. Al final, el 0-0 dejaba todo para resolverse en el cotejo de vuelta.

 

El 1 de julio de 2004 será recordado por siempre por los hinchas del club manizaleño y toda Colombia. Con un estadio Palogrande completamente lleno y un ambiente digno de una final, Once Caldas y Boca Juniors definirían el título del mejor de América. Sin duda esta iba a ser el batalla de David contra Goliat, la ambición de una plantilla humilde frente a la historia y el poderío de uno de los clubes más grandes del planeta. Los colombianos empezarían con todo a su favor y cuando el reloj marcaba tan solo 7 minutos, Jhon Viáfara sacaría un derechazo sobre los tres cuartos de cancha que se introducía en el ángulo superior derecho de la portería custodiada por Roberto Abbondanzieri, y desataba la locura de todo un país. El marcador en la primera parte no sufrió modificaciones, pero a los 52 minutos de juego, un cabezazo de Guillermo Burdisso emparejaba el resultado. Ambos conjuntos buscaron con empeño el gol que les diera la victoria, pero la serie y el título tenían que definirse desde los lanzamientos del punto penal.

La tanda de penales no empezó de la mejor manera para ninguno. Valentierra y Schiavi fallaron sus disparos, pero Elkin Soto anotaría el primero para darle confianza al cuadro local. En esta instancia, la jerarquía de los “xeneizes” se vio amedrentada por la espectacular actuación de Juan Carlos Henao, al que no le anotaron ninguno de los cuatro lanzamientos que ejecutó Boca. Agudelo, en el cuarto disparo del “blanco, blanco”, dejaba a su equipo a un solo penal de la gloria eterna. Henao, que se había convertido en el guardián de la ilusión de todo un país, sería el encargado de detener el balón a Cángele que significaba la victoria para los dirigidos por el profesor Luis Fernando Montoya. De esta forma, el sueño de un equipo humilde y luchador se había hecho realidad, David vencía a Goliat y el Once Caldas tocaba el cielo con las manos, convirtiéndose en el segundo elenco colombiano en ganar la Copa Libertadores de América. Una hazaña que quedará inmortalizada en las páginas más gloriosas del fútbol sudamericano.

 

Rafael David Arámbula Ochoa.  

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