¡OTRA VEZ! De la ilusión a la desazón

Los cuartos de final de la edición 2019 marca el fin de una nueva participación colombiana en Copa Américas. En esta ocasión Chile fue el rival que dejó por fuera a la “tricolor” y extinguió el sueño de 50 millones de compatriotas que esperaban ver a su país en una semifinal, e incluso de poder presenciar una posible final con su equipo siendo protagonista.

Colombia llegaba a este certamen con la esperanza de hacer una buena presentación. Los jugadores llegaban en un buen momento físico, el ambiente era positivo con la llegada del portugués Carlos Queiroz y se sentía el entusiasmo por parte de una hinchada que jamás dejará de creer en su selección. En la previa eran candidatos a ser finalistas del certamen.

El inicio no podía ser mejor. Una victoria frente a Argentina despertaba las ilusiones y los certificaba como serios aspirantes a llevarse el torneo de selecciones más antiguo del mundo. Un golpe de autoridad que dejó tambaleando al estratega argentino y que demostraba que los “cafeteros” podían dar mucho más. Tras los 90 minutos volvían a ganarle a los argentinos luego de doce años de aquel 2-1 por Eliminatorias y veinte del 3-0 por Copa América en 1999, último antecedente favorable contra los “gauchos” en la competición.

Las posteriores jornadas siguieron dando alegrías y seguridad al combinado nacional. Las victorias por la mínima diferencia ante Qatar y Paraguay los afianzaban en la cima del grupo con nueve unidades. Acabaron la primera fase como el mejor equipo del torneo con cuatro goles anotados, cero recibidos y James Rodríguez como la figura y el engranaje de un equipo que funcionaba como un reloj suizo. Sin embargo, un aspecto preocupaba levemente a los aficionados, la poco efectividad de cara al arco rival.

El destino, las injusticias del fútbol y el fixture hizo que dos de los candidatos se enfrentarán por un cupo entre los cuatro mejores, una final adelantada. Chile, con Renaldo Ruedo como su timonel, llegaba con críticas y tras una dura derrota con Uruguay pero con la confianza y el respaldo que le daban sus dos conquistas continentales. Por su parte, los “cafeteros” querían seguir escribiendo su historia en una tierra que les trae buenos recuerdos; además, eran los mejores hasta el momento tanto en juego y en unidades. En la previa era una llave pareja y así fue en el marcador pero no en su desarrollo.

Durante el tiempo reglamentario Chile fue superior en todo aspecto. La táctica chilena anuló a James Rodríguez y la ofensiva. En la parte física terminaron enteros y el partido se terminó decidiendo desde el punto penal solo porque el VAR, de buena calificación, anuló las anotaciones de “La Roja”, una por un fuera de juego existente y la otra por una mano de un jugador que habilitó a su compañero Vidal, quien remató y venció a Ospina, figura del partido para Colombia.

La clasificación adquiría más suspenso. Otra vez esta dichosa y aterradora muerte súbita decía presente. El manchón de los doce pasos definía todo. Tanto Ospina como Arias no eran guardametas especializados en tapar estos disparos, por lo tanto más pareja que nunca estaba esta “lotería”. Los cobradores fueron certeros, ocho cobros consecutivos por parte de los dos oncenos fueron al fondo de la red y todo se definiría en la última serie. Tesillo cobró primero y le dio una mala dirección a la esférica, dejando en los pies de Alexis Sánchez la clasificación de los “australes”. Como en aquella definición de la final de 2015, el “7” se visitó de héroe y certificó el paso de su seleccionado a la próxima instancia manteniendo los sueños vigentes de sus deportistas de ir por el “tricampeonato”.

La desazón de los colombianos era indescriptible, de ser los favoritos a ser eliminados a las primeras de cambio en la etapa de eliminación directa. Otra actuación que se quedará solo en un “pudimos haber llegado más lejos”. En este versión de la Copa América se volvió a demostrar que a nuestros jugadores les hace falta convicción y jerarquía para este tipo de momentos, no es un problema futbolístico, es un tema mental, psicológico, pero al fin y al cabo la realidad marca que una vez más nos devolvemos como país con las manos vacía y veremos una nueva final con dos protagonistas ajenos a nuestro corazón. Otra vez los dichosos penales negaban el anhelo de título para una generación dorada que se lo merece y que la hinchada, una de las más numerosas y fieles, reclama. Nada para reprochar en la actitud, la garra y el amor por la patria. Pero si mucho por mejorar para esta familia de gladiadores que tantas alegrías nos han dado y que seguramente nos seguirán regalando. Hay que llorar, recuperarse rápido y levantar la moral porque a pesar de esta desilusión, como pasa también en la vida, el fútbol siempre te da revanchas.

¡Gracias mi Selección!

 

Rafael David Arámbula Ochoa.

 

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