La «bestia negra» del Cúcuta Deportivo

Imagen tomada de: @cucutaoficial
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El fútbol colombiano volvió a las canchas del país y el deseo de miles de hinchas por cantar el gol de su equipo crea un nudo en la garganta cada vez que se da el pitido inicial. Una de esas escuadras es el Cúcuta Deportivo, que más allá del anhelo de ser protagonista tiene que cumplir con una tarea, salvarse del descenso.

El debut dejó ver cosas buenas. Una escuadra ofensiva, con pequeñas sociedades y con un sistema táctico que pareció casi perfecto, casi. La victoria frente a las Águilas Doradas deja una sensación de calma para su hinchada, pero para los que sabemos de fútbol deja cierta incertidumbre el gol que le anota su rival, el único lunar de un juego casi intachable pero que desnudó una de las falencias más grandes en los últimos años, que puede ser considerada como la verdadera bestia negra del Cúcuta: El juego aéreo.

La anotación del onceno de Rionegro llega tras un doble cabezazo en el área que no fue previsto ni tampoco rechazado a tiempo por los defensas rojinegros. Javier López, zaguero de los “motilones” y el más alto de la cancha (1,94 m), desvió la esférica hacia la portería en un forzado intento por despejarla, y le sirvió el gol a Sebastián López quien aprovechó para mandarla a guardar al fondo de la red. Sin marca se encontraba además el autor del descuento ya que Henry Obando perdió la referencia de él. Un tema de desconcentración que no es nuevo en el club.

El semestre pasado el Cúcuta jugó 20 partidos de liga, marcando 25 goles y recibiendo 27. 14 fueron las dianas que los “fronterizos” sufrieron en pelotas paradas, un centro mal rechazado o un rebote que se dio en el juego aéreo. Además también Valledupar les anotó por la Copa Águila en un compromiso que iban ganado sin problemas, pero que al final les costó la eliminación. Esta tendencia permite concluir que el equipo sufre cuando le levantan el balón. En la plantilla se cuenta con un promedio aceptable de estatura: Braynner García, Henry Obando, Camilo Chaverra y Javier López superan los 1,85m. Claramente el problema no es de talla.

Si se repasan de nuevo las llegadas de los rivales que enfrenta el Cúcuta Deportivo, muchos de esos goles son más por falta de concentración y viveza de los contrarios a la hora de atacar. López, siendo el jugador más alto de la liga, tuvo un antagonismo no deseado en la mayoría de los tantos que padecieron los guardametas. Es un central alto, maneja bien los tiempos y ha mejorado en el momento de aguantar y hacer entradas a ras de piso, incluso aporta en la ofensiva, pero todavía le falta mejorar la velocidad de reacción. En 14 cotejos estuvo presente, una cantidad considerable al igual que el capitán Braynner, que vistió la “rojinegra” en 17 oportunidades.

Para mejorar siempre hay que revisar paso a paso el porqué se presentan estas situaciones. Las faltas al borde del área y los centros, que sin impedimentos, llegan al área chica es el principal problema. Henry Obando, Mauricio Duarte y James Castro son laterales que atacan bien pero a la hora de regresar dejan espacios para que los rivales veloces aprovechen para hacer estragos. Los relevos en el Cúcuta han funcionado en algunas ocasiones pero la constante en la liga demuestra que no lo suficiente para evitar que el arco defendido por Chaverra y Da Silva sea vulnerado.

Ya está claro cuál es el primer reto que tendrá que afrontar Pablo Garabello. El principal demonio del “doblemente glorioso” no es ni Nacional, ni Bucaramanga, ni Millonarios, ni ningún otro rival del rentado local. La bestia negra del Cúcuta Deportivo es el bendito juego aéreo, ese que ha causado dolores de cabeza a sus seguidores, a los directivos, al cuerpo técnico y al plantel. Ese que le negó la posibilidad de avanzar en liga y copa y que derribó un comienzo imponente de un club que avizoraba su regreso a la “A” con una mejor campaña de la realizada y que le significara un presente con menos apuro que el que está viviendo.

El objetivo en la actual temporada es evidente. Se tiene una plantilla con la que se puede lograr mejores resultados que simplemente alejarse de la zona de relegación, pero sí no se ajustan las tuercas, esos pequeños detalles se convertirán en auténticas pesadillas para un club que ya sabe lo que es vivir en carne propia el infierno de tener que jugar la Segunda División.

 

Rafael David Arámbula Ochoa.

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